miércoles 13 de junio de 2007

Nicomedes Santa Cruz Gamarra - Segunda Parte

NICOMEDES SANTA CRUZ (1925-1992)
Poeta, Cuentista, Musicólogo y Periodista






...Continuación de la Primera Parte

América Latina

Mi cuate
Mi socio
Mi hermano

Aparcero
Camarado
Compañero

Mi pata
M´hijito
Paisano...

He aquí mis vecinos.
He aquí mis hermanos.

Las mismas caras latinoamericanas
de cualquier punto de America Latina:

Indoblanquinegros
Blanquinegrindios
Y negrindoblancos

Rubias bembonas
Indios barbudos
Y negros lacios

Todos se quejan:
?¡Ah, si en mi país
no hubiese tanta política...!
?¡Ah, si en mi país
no hubiera gente paleolítica...!
?¡Ah, si en mi país
no hubiese militarismo,
ni oligarquía
ni chauvinismo
ni burocracia
ni hipocresía
ni clerecía
ni antropofagia...
?¡Ah, si en mi país...

Alguien pregunta de dónde soy
(Yo no respondo lo siguiente):

Nací cerca del Cuzco
admiro a Puebla
me inspira el ron de las Antillas
canto con voz argentina
creo en Santa Rosa de Lima
y en los orishás de Bahía.

Yo no coloreé mi Continente
ni pinté verde a Brasil
amarillo Perú
roja Bolivia.

Yo no tracé líneas territoriales
separando al hermano del hermano.

Poso la frente sobre Río Grande
me afirmo pétreo sobre el Cabo de Hornos
hundo mi brazo izquierdo en el Pacífico
y sumerjo mi diestra en el Atlántico.

Por las costas de oriente y occidente
doscientas millas entro a cada Océano
sumerjo mano y mano
y así me aferro a nuestro Continente
en un abrazo Latinoamericano


Búsqueda de su destino.

El arte poético me va ganando terreno, y en el año 1956, el 25 de Abril, abandono el taller de herrería que había montado en 1953 y me largo por el mundo a encontrar mi destino recitando mis versos, que ya se contaban por algunas centenas de glosas. Mi propio maestro, don Porfirio, era algo ya superado por mí, porque todo lo que había hecho él, era prepararme para competir con otros decimistas, que no existían y que en el mejor de los casos, como en el de su hermano Carlos, frisaban los ochenta años. Ellos estaban encuadrados en una temática y en una actividad totalmente rural, en lo humano y en lo divino, y yo veía una serie de acontecimientos distintos. Viajé al norte hasta Ecuador, pueblo por pueblo y chichería por chichería. Preguntaba a la gente de los corrillos: “¿Qué están celebrando?” “El cumpleaños de él, la boda de ella o la despedida de aquél...” “Puedo ofrecerle un poema de homenaje?” y dale, bueno...¡Zas! improvisaba un poema. Querían pagarme. “No, de pagar nada”, decía yo. Entonces me invitaban trago, comida... Ocurría que mareado con tanta chicha ya no estaba allí sino en una casa y en otra. De pronto se producían unos pleitos porque a alguien no le había caído bien y es que a donde fuera le cambiaba el sentido al festejo. ¡Qué boda, ni qué cumpleaños! Todo lo distorsionaba Nicomedes. Alguna gente para darse ínfulas de culto decía: “Eso no es de él, yo he escuchado eso y es de Chocano”. Porque el pueblo analfabeto de esa época todo lo que le parecía bueno se lo endilgaba a Chocano. Así que pensaba: si creen que es de Chocano, entonces debo ser bueno...

Mundo artístico.

el diagnóstico de Rafael, ingresé a la compañía que ya no era “Pancho Fierro” sino “Ritmo Negro del Perú”. Habían debutado y se preparaban para viajar a Chile. Alberto Terry, que era el director artístico dijo: “Me han hablado de ti los Vásquez (don Porfirio) y aquí (en el espectáculo) nadie habla".

La gente no conocía nada de arte negro: ni zapateo, ni festejo, ni las décimas y sólo por alineación y la vergüenza que teníamos de hacer nuestras cosas. Ofrecí presentar los cuadros con décimas. Terry advirtió que el ensayo general era la noche siguiente. “Para mañana están las décimas”, le dije.

Vivía solo en Breña. Me encerré en mi cuarto y medité como nunca en mi vida. Era el momento decisivo. Sabía que ya me había quedado sin oficio. Justo al terminar la Segunda Guerra Mundial desapareció toda la herrería artesana que yo dominaba. Y un montón de gente tuvo que meterse hasta de cantor o poeta, como yo, porque trabajo ya no había y aprender un oficio a los cuarenta años, por ejemplo, era muy bravo. Entonces me dije: Esto puede ser mi continuidad y tengo que hacerlo tan bien que ahí se arraigue

mi vida. Al amanecer terminé la última décima. Quedé extenuado pero en la noche cuando fui al ensayo, mis compañeros quedaron boquiabiertos y cuando dije la última décima que era la Navidad Negra cerrando el acto, Terry tuvo que pegar un grito: “¡Sigue la acción carajo!” Y es que nadie podía creer que de un día para otro hubiera escrito tanto.

Me di cuenta que iba vivir del aplauso. Sin embargo, dada su inestabilidad, sabía que no podría mantenerme como me había mantenido la herrería. Entonces me metí inmediatamente a hacer periodismo.

Un hijo de los Miró Quesada dirigía el dominical de El Comercio y le ofrecí un artículo sobre folklore. No tenía nada preparado pero cuando me preguntó sobre qué sería el primer artículo, respondí que sobre la Marinera. Fue heroico. Me costó toda una noche y salió publicado el 1 de junio de 1958, justo cuando cumplía 33 años ("Ensayo sobre la marinera").

Con Sebastián Salazar Bondy.

Ese mismo año, Sebastián Salazar Bondy me citó a la redacción del diario La Prensa y después de tener una larga conversación conmigo y ver mi libreta de décimas me dijo que iba a escribir un artículo sobre mí, pero que iba a traer cola y generar polémica. Efectivamente, fue lo que ocurrió, pues Sebastián tituló su nota: Nicomedes Santa Cruz, poeta natural. Inmediatamente le contestó José Durand Flores negando que existiera tal poesía natural –en lo que anduvo acertado, creo yo-; también entró al debate Luis Jaime Cisneros. Al año siguiente, Juan Mejía Baca me publicó el primer libro de décimas y le encargó el prólogo a Sebastián, que le corrigió algunas cosas a su polémico artículo con el que, para decir la verdad, yo no estaba de acuerdo. Sebastián me había ayudado presentándome a la intelectualidad de la época y había orientado mis lecturas, pero en esa ocasión discutimos y el libro se quedó sin prólogo. Creo que alguien que entendió muy bien el fenómeno de la décima fue Ciro Alegría, gran amigo mío. Fue él quien presentó mi segundo libro, editado por Studium. Es que Ciro había vivido largo tiempo en Cuba, tierra de decimistas.

También en el 58 los estudiantes de la Universidad de San Marcos me invitaron a la Casona, en el Parque Universitario, para que diera una charla sobre la décima en Hispanoamérica. El texto se publicó luego en El Comercio con un reclamo que yo añadía que se hiciera un estudio detallado de esta forma poética en nuestro país; en aquel entonces ni siquiera imaginaba que luego me correspondería hacer ese trabajo. Lo que pasa es que existían estudios muy buenos sobre la décima en Panamá, México, Cuba, Argentina y Puerto Rico, pero en ninguno de ellos se mencionaba al Perú. A mí, que he nacido en olor de décimas, me fastidiaba esta situación y quería que se rectificara. Y así fue como a partir del año 60 comencé a recorrer la costa, que es el territorio donde había quedado la décima peruana, a fin de recopilar todo el material que me fuera posible.

Cuando llegaba a los pueblitos los octogenarios accedían a cantar sus décimas, pero no faltaba un niño –los niños no se callan esas cosas- que se acercaba para decir: “Ese señor es de Radio Nacional, yo lo escucho”. Y entonces venía la desconfianza y el trovador callaba, creyendo que había ido a robarle su canto. Ahora bien, esto no quiere decir que las décimas no se repitieran y que cada poeta estuviera obligado a ser original; los decimistas analfabetos del siglo XX –he llegado a conocer a algunos- tenían una memoria prodigiosa que les permitía recordar treinta glosas en un solo contrapunto. Échense a pensar lo que significa, teniendo en cuenta que cada glosa la forman cuatro décimas y una cuarteta.

SEGUNDA ETAPA: 1960-1980


Homenaje a Rosa E. Figueroa. Febrero, 1961

El 29 de Octubre de 1960 ocurre que hay una manifestación contra Ecuador, por los problemas fronterizos y ante ciento veinte mil personas aproximadamente, hago unas décimas que son consagratorias para mí. En décimas anuncio a Gladys Zender, primero como Miss Perú, y luego como Miss Universo. Todo esto es una cosa fortuita, que va contribuyendo a que rápidamente me haga conocido. En el año 60 hago "Talara, no digas yes". Y ahí tengo el primer problema político. Yo siempre hacía una décima para cada cosa. Le cantaba al Alianza Lima, al Señor de los Milagros.

Parece que yo estaba llenando un tremendo vacío que había en diferentes sectores, y todo caía dentro de lo normal. La décima al Señor de los Milagros parecía que formaba parte de la procesión que tenía 300 años; la décima contra Ecuador parecía formaba parte de un programa cívico; la décima al Alianza Lima era un reconocimiento de todo el pueblo que se sentía identificado con el que creía que era el equipo de fútbol más popular. Pero cuando voy a Piura, en vez de decir "Piura, que bonita eres", lo que digo es: "Talara, no digas yes / mira al mundo cara a cara; / soporta tu desnudez / ... y no digas yes, Talara".

Talara: Porque cuando estuve buscando mi destino, estuve trabajando en el petróleo y veía la valla de la zona americana y me contaban los trabajadores que ellos sabían, porque habían nacido ahí, dónde había petróleo y que los capataces "se hacían los locos", porque en la zona peruana encontrar petróleo era más trabajo, y ellos vivían de los dividendos de los norteamericanos, de las regalías... Entonces no era más que chupar, ir a los burdeles de la zona, y que los norteamericanos siguieran explotando petróleo. Pero a mí me jodía ver la valla en la zona norteamericana, donde todo el mundo vivía como reyes, pero que no se podía entrar ahí si no tenía el rótulo. Entonces, algo me impacta, y todo esto es fácil que me llegue, porque he sufrido mucho como obrero, son 20 años de trabajo y yo tengo una carga de identidad proletaria y también de un patriotismo que me da mi madre. Mi madre fue una mujer patriota, como era la gente antigua, que había sufrido tantas revoluciones frustradas, que tenía un amor a la bandera, a la dignidad, a la frontera y a todas estas cosas, que después se pierden. Entonces renuncio a ir de gira, que me iba a reportar unos centavos muy interesantes, pero me quedo con la décima tal y como fue concebida, sin modificaciones. Cuando en el año 60 sale mi libro apenas tengo tiempo de meterla, y es la última décima de mi primer libro, editado por Juan Mejía Baca en 1960.

Mas adelante empiezo a incursionar en la política en el año 1961. No acepto lo de Belaúnde, que me quiso meter en su partido; y me meto en otro partido, que creí que era un partido de guerrilla, solidario con la Revolución cubana. Y lo era a medias, pero en cada plazuela hago una décima política a esa zona. De ahí salen "Yo soy revolucionario", y un montón de décimas más. Esta politización da un resultado fatal para mi economía y mi popularidad, porque la misma gente que me aplaudía ve que estoy cantando y que estoy subido en un tabladío con gente que ya ha creado problemas antinorteamericanos y entonces pierdo un gran sector de la oligarquía. Yo recuerdo que le he cantado a personajes que eran directamente contratados por el presidente del Jockey Club, que era Claudio Fernández Concha; por el presidente del consorcio de textiles de poliéster, que era Santiago Gerbolini; por el presidente de la Asociación de Cafetaleros Latinoamericanos, que ahí hago "El Café". En fin, las más altas instituciones. Ya no tenía precio lo que yo hacía. Un obrero ganaba en esa época mil o dos mil soles mensuales, y yo cobraba 30, 50 y hasta 100 mil soles por una décima. Era una cosa que yo me volvía loco con la cantidad de plata que tenía, porque yo tenía un millón de soles en el bolsillo. Yo vivía en un cuartucho y lo que hago es que me voy del país, porque veía que todo era política y no había atención a mis décimas, que eran sobre la cosa tradicional.

Entonces le digo a Sebastián Salazar Bondy: "Me voy, porque quiero que pase esto y volveré". Y Salazar Bondy me dice: "No; tienes que participar". Le digo que la única manera de que yo participe sería en una cosa guerrillera, en una cosa así como la que está pasando en Cuba, que es lo que nosotros necesitamos. Salazar me dice: "Yo te llevo a ese partido", y me meto en el partido. Cuando me di cuenta, no era eso lo que yo quería, pero ya ellos habían lanzado en todos los diarios que yo estaba en ese partido, aunque sin haber firmado ningún papel, pues nunca me he afiliado a ningún partido político; pero yo no conocía cómo se maneja la política.

A pesar de mi incursión en la política del 61 al 62, que me margina de toda la aristocracia (o de la oligarquía, para ser más exactos) la que me mira ya con ojos un poco de enemigo, hay por parte de ella una necesidad de este "elemento Nicomedes Santa Cruz". Esa burguesía es bastante astuta, por lo que dice: "bueno, este hombre no significa una organización, es un hombre al que a lo mejor puede manejársele o utilizársele, pues necesita plata; además de que continúa con su ascendiente sobre un gran sector del pueblo".

De ahí es que me voy a Brasil, porque quiero que el público se olvide de mí, y allí ocurre lo más extraordinario que me haya pasado en la vida, cuando lo primero que encuentro en la Av. Mariscal Floriano, es un monumento a la nación brasileña, que tiene en la base, donde comienza el fuste, cuatro esculturas, y arriba está la patria de Brasil. Pero a un lado tiene el bandeirante, el colono portugués, el indio tupi-guaraní, el caboclo y el negro. Cuando yo veo un negro en bronce, he sentido una emoción que hasta ahora me parece que lo viera. Es cuando digo, este país es extraordinario. Era la época de Joao Goulart. Ahí conozco a Edison Carneiro; él me dice dónde puedo conseguir literatura. Voy a Bahía, donde me quieren meter en el Candomblé; voy a un "terreiro" y me dicen que tengo algo, que puedo ayudarlos mucho, que ellos me podían dar secretos que no tenía nadie.

Por fin llego a la Universidad de Bahía, cuando se celebra el "Primer Congreso sobre Alimentación en los Países Subdesenvolvidos", y el homenaje que le hacen a Jorge Amado, que era el ídolo de los estudiantes. Por primera vez veo delegados africanos. Ahí es donde yo me salgo de todo esto y me pongo a vivir en un pueblo que se llama Feira de Santana y me pongo a escribir. La cuestión es que la prensa brasileña daba mucho espacio, página tras página, al problema del negro, cuando en el Perú no se veía nada de eso. Esa experiencia de Brasil cambió mi vida.

Vuelvo a Perú con todo ese material, y empiezo a recorrer las universidades, particularmente la Universidad de Ingeniería, y la Universidad de San Marcos. Todo aquel estudiantado era diferente al de ahora. Tenían una sola conciencia, la de ayudar al trabajador, de impugnar toda la penetración, y no había problemas entre ellos, o en todo caso los problemas ideológicos no obstruían el avance. En la universidad estoy constantemente trabajando con el estudiantado. Allí me doy cuenta de que el aplauso que recibo es cuantitativamente inferior al otro, que no hay cientos de miles de soles, pero que cualitativamente ese aplauso suena diferente que el otro aplauso de "La Pelona", de "Ritmos Negros"; es un aplauso político; es un aplauso militante; es un aplauso fuerte.


El movimiento negro cambia; ya no es Lumumba, como yo pude cantar en el 60; ahora es Stokely Carmichael; han matado a Luther King, luego matan a Kennedy; se me echa encima toda la izquierda. Hugo Neira se da cuenta de ello y dice que no es ningún error de Nicomedes. Y efectivamente, yo le canto a Kennedy porque lucha por el negro, pero Kennedy también mandó mercenarios a Playa Girón.

Cuando Paco Moncloa y Salazar Bondy vuelven de Cuba y me dicen "¿Tú quieres ir a Cuba? Te llevamos". Y yo les digo, "Sí, quiero ir"; me responden "¿A quién quieres conocer, a Fidel?". "No", les digo, "a Nicolás Guillén". Y me dicen "negro traidor" Y les digo "pero si Guillén viene luchando desde hace 20 años por lo que ha hecho Fidel". Ellos no entienden nada. Por negritud yo he estado más cerca de Guillén que de Fidel, y por negritud estuve más cerca del Kennedy de Alabama que del Kennedy de Playa Girón. Pero todo esto es grave, porque tampoco se puede estar así también. Entonces, cuando llega Angela Davis me doy cuenta que yo estoy quedándome atrás, que por no cometer errores no escribo, y por tener tantos libros ni puedo leer, porque mis mismos libros me apabullan.

Cuando en el 64 la firma Philips me auspicia Cumanana en su primera edición, Mujica Gallo -fundador del periódico Expreso, del que yo también soy fundador, porque él me llama a fundarlo- me da 15.000 soles para que yo edite el álbum y él se encarga de distribuirlo. Lo entrega a la revista Caretas para que haga un trabajo. Fueron cuatro páginas dedicadas a Cumanana.

Este álbum Cumanana es muy valorado dentro de mi actividad, porque ya no es el periodismo, ya no es la décima, es un trabajo de investigación, y empiezo a trabajar en televisión, precisamente con la Compañía Cumanana, con todo este mundo que empieza a tener importancia derivada de la independencia de los países africanos. Hay un interés serio de querer encontrar la presencia negra en el Perú, presionado por los acontecimientos africanos y porque se dan cuenta que en el Perú hay negros, y que yo venía trabajando hacía tiempo en eso. Entonces lo negro empieza primero ahí, tanto es así que cuando sale el libro Cumanana, toda la crítica, como Juan José Vega, Hugo Neira... todas estas gentes dicen que es el mejor libro que he escrito.

En el año 67 voy a Cuba, y por primera vez leo El Manifiesto Comunista; veo todas las obras de Lenin, y ahí adquiero otra dimensión, una visión del mundo diferente, por lo pronto muy dogmática. Creo que todo el mundo que no haga lo que plantea Marx es un cabrón... es una mierda... que había que tener eso metido en el bolsillo para consultarlo. Pero también me doy cuenta de que yo he sido muy injusto con la intelectualidad peruana. Yo decía "A mí, me marginan porque soy negro, y me han hecho esto y esto otro". Y no era así, porque volviendo de Cuba comienzo a ver todos los libros que tengo, que nunca había leído, y son libros que me han dedicado los propios autores: Romualdo, Javier Heraud... O sea que he conocido una cantidad enorme de poetas e intelectuales, a los que he confundido con el público, porque me aplaudían en los barrios, me daban sus libros y todo y yo los guardaba, y lo que pensaba era: "Cómo me quiere la gente". La cosa es que no discriminaba, no discernía. Yo he cometido errores, que son producto de haber pasado sin transición de 20 años de obrero, al trabajo literario y artístico con el público. No me doy cuenta de quién es quién, y ya es tarde también para tomar otra medida.

Sin embargo, el viaje que hice a Cuba en el 67 no me permitió encontrar lo que soñaba buscar. No lo encuentro porque yo fui a Cuba pensando que me ocurriría lo mismo que en Brasil, que encontraría una serie de actividades que me nutrieran en el aspecto cultural y lo que encuentro es una tremenda motivación política, lo que encuentro es una realidad de lo que para América Latina había sido únicamente una teoría de la posibilidad de un nuevo mundo de justicia y de equidad. Y el mismo Fidel (que posiblemente se daba cuenta de lo que nos pasaba a todos, nos reúne a cerca de dos mil delegados, la mayor parte de OLAS, otra parte del Salón de Mayo, y los que éramos del "Encuentro de la Canción Protesta"), en una reunión de toda una noche en la Isla de Pinos nos dice: "Todo lo que ustedes han visto aquí, lo quieren para sus países, pues vuelvan a sus países lo más pronto posible y luchen para que se haga realidad". Entonces tengo que dar marcha atrás en todo lo que yo había pensado, pues ya incluso había renunciado al diario Expreso, y a un montón de cosas más, para quedarme en Cuba. Es cuando me doy cuenta de que mi presencia en Cuba no hacía falta, sino que lo que hacía falta era que yo captara todo lo que había en Cuba para hacerlo en mi país.

Efectivamente, regreso a Perú y empiezo a trabajar muy fuerte en la poesía, lo que me lleva a Cuzco por primera vez. En la Plaza de Armas, ante un estudiantado universitario y el campesinado, empiezo a declamar mis poemas y me doy cuenta que mis esfuerzos por acercarme al hombre de la Sierra con la misma fuerza y con el mismo amor que me había acercado antes al hombre negro de la Costa, está dando sus frutos, porque Cuzco me recibe como un hijo de la tierra.

Empiezo a trabajar una poesía que empieza a identificarse con el problema indio. Es cuando escribo "Indio", "El desalojo", "Los Comuneros". En fin, toda una producción que trata de acercarse al indio.

En esos momentos ya estoy enamorado de Mercedes y vuelvo a España a casarme con ella, y cuando me caso ya se ha dado el golpe militar de Velasco Alvarado, en octubre de 1968. Yo vuelvo a Perú con Meche en enero de 1969, y Meche tiene todo un problema de miedo y temores, porque no ha conocido otro mundo que el de Franco, y la represión franquista, y cree que que ésta se extiende hasta nuestro hogar. Me ha costado mucho trabajo adentrar a Mercedes en este problema, y lo grave es que al poco tiempo, Mercedes me pide que participe en la revolución de Velasco, porque me ve que estoy al margen de ella. Le digo que según lo que he visto en Cuba en el 67, éste no era un proceso revolucionario, que era una actividad militar, que no tenía participación del pueblo. Pero ella insiste, porque tiene fe en una cosa que no conoce, y quizás porque no está muy politizada, y me meto a trabajar con Velasco.

Ya en estos momentos empiezo a viajar mucho, vuelvo a Cuba (1974), viajo por el continente, pero veo que el proceso se va deteriorando rápidamente, al punto que en el año 1974 ya ni los mismos militares creen en su revolución. El Sistema Nacional de Movilización Social, Sinamos, resulta una entidad nefasta; el estudiantado universitario que se ha balcanizado en una serie de corrientes también me repudia; surge un movimiento poético, "Hora Cero", que sataniza todo lo que hago, sobre todo por haber hecho un comercial (anuncio publicitario); entonces se produce una descomposición total. Esta descomposición culmina con el desaforo de Velasco Alvarado.

Yo me refugio en la TV, presentando lo que venga, sin discriminar lo que hago; me refugio en el periodismo y lo único positivo que he estado haciendo en los medios de comunicación desde el 71, es en la radio, en "Radio América". Allí hago "Así canta mi Perú", donde rescataba los valores folklóricos, y sobre todo hago el programa "América canta así", que es la introducción del nuevo canto latinoamericano, a través del disco, aunque también tengo invitados, en el ambiente peruano. Eso es lo más positivo que hago. Pero a partir del año 1979 tampoco hago radio y sólo me queda la televisión (ésta de incierto futuro con la llegada de la empresa privada).

Incluso en Lima había ocurrido un fenómeno bien ingrato. La juventud de 14 y 17 años que me respetaba, se burla de mí en las calles. Es todo lo contrario de cómo hasta los tranvías de antaño paraban para que yo cruzara los rieles, y si entraba a comprar cigarrillos en un café la gente comenzaba a aplaudirme espontáneamente; veo cómo me quieren tipificar con "La Pelona", como si fuera una especie de grillete, y el grito que le hacen a todos los negros, "uh, uh, uh", imitando mi voz y todo por calles y plazas, como un vejamen y una burla cruel. Es entonces cuando me doy cuenta de que todo está perdido.

Ahora, cuando he venido a México, nuevamente me ocurre el fenómeno que ya me ha ocurrido otras veces. Que en México hay un montón de gentes que han seguido la trayectoria de "Muerte en el ring", traducido al inglés en Estados Unidos; que mi poesía hacía falta aquí en México; que es una poesía que tiene un montón de elementos esclarecedores sobre problemática caribeñas, y mesoamericanas. Entonces, salir de esta frustración, de este desaliento de la Lima del 80, y llegar en el 82 a un México que quiere grabarte, que quiere hacer un montón de cosas, es lo que a uno lo vuelve a revitalizar y decir que todo no estaba perdido, que la política y la historia tienen sus altibajos, o estos ecos que a veces no llegan a uno.

TERCERA ETAPA: ESPAÑA, DESDE 1980 EN ADELANTE

(Relata Pablo Maríñez)

La decisión de viajar a España la había tomado, al parecer, en el primer semestre de 1980. En septiembre del mismo año Nicomedes y su esposa Mercedes Castillo, junto a sus dos hijos, Pedro y Luis Enrique, llegan a Madrid, donde inician una nueva vida.

De inmediato lo invitan a dar recitales, e impartir cursos seminarios y conferencias. En Madrid, la vida le resulta muy activa y reconfortante. Los niños ingresan muy rápidamente al colegio y se adaptan con facilidad al nuevo ambiente. Sin embargo, conseguir el trabajo que llegara a satisfacer sus expectativas, y le garantizara estabilidad económica, no era tarea sencilla en España. Lo cierto es que él tampoco se había hecho mayores ilusiones al respecto, más bien sabía perfectamente las dificultades que le podían aguardar tal y como me comenta por carta poco antes de partir: "Tampoco voy tan desprevenido que me pese perder alguna oportunidad de hacer algo. Vaya, voy preparado para todo, aunque sin ilusiones de conquistar España. Con que me permitan ganar algunas perras (ganar algunas monedas, algún dinero) en alguna actividad de las que puedo desempeñar, me doy por muy bien servido".

Cerca de un año después, en Agosto de 1981, Nicomedes me comentaba que "todos lo estamos pasando bien y por ello hemos decidido quedarnos más por estos lares. De trabajo aún no me sale nada, pero creo que mi nueva ofensiva de otoño dará positivos resultados". Y en efecto, al año siguiente comienza a trabajar en Radio Exterior de España. En su nuevo trabajo muy pronto se dio a querer y respetar entre sus compañeros y superiores, así como a impulsar diversos proyectos radiofónicos. De ahí se le abrieron las puertas para hacer, a nivel internacional, lo que en Perú sólo había podido hacer en el ámbito nacional. Nicoomedes sugirió incluir en las emisiones de Radio Exterior de España (REE) dos emisiones: en quechua y en guaraní. REE en aquella época emitía en inglés, en francés, árabe, ruso, aleman y sefardí y Nicomedes demostró documentalmente la importancia de estas dos lenguas. En 1989 se puso en marcha el proyecto. Y fue él quien se encargó de buscar en Madrid a personas que hablaran en estas lenguas para que tradujeran los textos. Estas emisiones estuvieron en antena hasta 1993.

*

-¿Cómo nació Cita en España?

-Comenzó en el 82, bajo el nombre de Rutas del Sol. (Yo ya tenía un programa igual en una radio peruana, en Lima.) Se emitía a la una y media de la madrugada para que llegara a América a las ocho de la noche y recogía tanto lo que ocurría en España como lo de América (relacionados una con otra). A partir del 85, con el nuevo director de Radio Exterior, nos limitamos a dar todo lo que pasa en España, relacionado con Iberoamérica, por ello se llama ahora Cita en España.

-¿Cómo llevas el programa?

-Tiene como cometido temas y personajes iberoamericanos en suelo español. Hago entrevistas, y hay un telón de fondo o una característica que es música del continente americano.

-...Y yo que tenía idea de que tu programa era de carácter folklórico...

-Nunca ha sido folklórico. Lo que pasa es que nuestra América es folklórica... América tiene dos instancias: o lo miras todo desde un prisma académico, totalmente universitario o miras todo a través del charango y de la quena. Pero el mismo acontecimiento puede ser mirado desde las dos instancias en realidad. Yo, siguiendo quizá el ejemplo de José Carlos Mariátegui, nunca he mirado las cosas desde una óptica académica, sociológica, etnológica o antropológica, sino desde las raíces populares de las cosas. Ya se trate de problemas tan cruciales como la deuda externa o de problemas tan simples como alguna festividad religiosa, lo que a veces provoca reclamos o pedidos especiales... pero eso significa que tienes audiencia, y es bueno. El programa en sí, bien es cierto, ha tenido en sus inicios un carácter bastante costumbrista, tradicional, pero poco a poco se ha ido a lo político, económico y solciológico.

-Sin embargo continuas en la difusión de la cultura americana, ¿no?

-Mira, la radio aquí en España, ya has visto, tanto en frecuencia modulada como en onda corta, es necesariamente hablada. Se pone muy poca música, porcentaje mínimo. Son nada más ráfagas y cosas así... aunque hay emisoras totalmente musicales... en general no es así. Estuve en un programa casi informativo, sin llegar a serlo. Entonces, tenemos nada más que cortinas, ráfagas para marcar el cambio de una información a otra, y para alternar, dejar un colchón de un minuto, por si la continuidad queda corta... Es allí donde aprovecho yo para meter música folklórica, porque tengo aquí más de 3000 discos Lp. de todo el continente iberoamericano.

-¿Y la música peruana tiene algún trato especial por tu parte?

-Es que en España no distinguen la música de un país u otro. Por lo general quieren un abanico de todo el continente. Ahora, hay unos países más promocionados que otros. Miran las cosas generalmente a nivel caribeño, andino, centroamericano y del cono sur, por eso te obliga a ser muy continental, aunque yo lo era antes de venir a España... Pero lo que he hecho ha sido una serie: “Juglares de nuestra América”, que es una especie de proyección de los romanceros españoles en América, pero partiendo también de un romancero precolombino; de estos poetas aztecas que les llamaban piucatique, de los poetas incaicos, los amautas... sigo todo este camino hasta llegar a la actualidad, y esto, país por país, comenzando por el Caribe, Centroamérica, bajando por el Amazonas hasta Brasil y el Cono Sur, y los países andinos... en total 18 capítulos.

-Con uno de estos ganaste un premio, ¿no?

-Sí, el año pasado propuse uno de estos capítulos, el dedicado a Panamá, fue en el Premio Internacional de la Radiodifusión (España), en su cuarta edición. Salí galardonado con el trofeo-escultura Pablo Serrano. El capítulo se llamaba “Los Mejoraneros Panameños”.

-¿Y los otros capítulos de la serie?

-Pues tres están dedicados a México, dos a Perú (uno a los valores de la lengua quechua, otro a los valores mestizos y otro a cantores de tristes y cumananas). En fin, es un trabajo que ahora me lo han pedido para llevarlo a los discos, para servicio de transcripciones de Radio Nacional de España. Pienso editar, además, un libro que sea la parte literaria de éste, porque hay grupos sectoriales de los cantores panameños, de los decimistas peruanos hasta el 82 (que hice yo), pero no hay un trabajo continental, incluso que parta de la época precolombina del viejo romancero medieval español. ¿Y para cuándo esta edición?

-Depende de cuándo habrá un editor disponible... Pienso proponerlo al Instituto de Cooperación Iberoamericana y si en caso no tuvieran partida, lo más factible lo haría editar en nuestro continente, en Colombia quizá o México o lo metería a participar en el concurso de las Iberoamericanas de Cuba. Tengo otras cosas también en salmuera, y más avanzadas todavía como este trabajo que estoy haciendo sobre la presencia del aporte del negro en el Perú. Me interesa mucho que se edite, aunque aún no lo he terminado pero son cosas que pueden estar a fines de este año o principios del próximo.

-¿Y nuevos discos?

-El trabajo que hago en España no me perrmite grabar nada. Toda la mañana la dedico a entrevistas, y a recibir información de provincias, y la tarde para la mezcla y grabación; vuelvo a casa sobre las nueve de la noche, generalmente después de asistir a alguna conferencia o dar algún recital. Por lo demás, creo que todo lo que tenía que hacer en discos quedó hecho en Lima. Mi primer disco lo hice en el año 59 y el último en el 80, antes de dejar Perú.
El 20 de Junio de 1988 Nicomedes era sometido a una larga intervención quirúrgica en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Le habían encontrado un cáncer en el pulmón izquierdo. La operación, que implicó se le extirpara un tumor, fue considerada exitosa por los médicos que lo asistieron. Después de un breve período de convalecencia, Nicomedes se reincorpora a su trabajo en la radio y reanuda sus múltiples actividades. Sin embargo, era necesario un control médico cada seis meses, que afortunadamente daba señales positivas.
A pesar de la enfermedad, Nicomedes seguía siendo el mismo de siempre, en cuanto a vitalidad entusiasmo y proyectos de trabajo se refiere. No obstante era visible que a medida que pasaba el tiempo se agotaba cada vez más con cualquier pequeño esfuerzo que además le producían problemas respiratorios. Estos problemas se agravaban en los meses de primavera, cuando se producía la mayor cantidad de polen a la que era alérgico..
En Diciembre de 1991 se produjo una complicación en su cuadro clínico que los médicos no pudieron resolver. Así, el 5 de Febrero de 1992, la muerte, a la que tanto había escrito, declamado y cantado nos arrancó al personaje fuera de serie, que reunía cualidades excepcionales, el más representativo poeta popular, decimista y folklorista afroperuano de todos los tiempos.

Fuentes:

Extraído de:
Revista Juventud (Argentina). Buenos Aires, 21 de Mayo de 1974.“Nicomedes Santa Cruz: El Perú entero”

"La nostalgia de un autodidacta", por Nicomedes Santa Cruz. El Comercio. 10 de Julio de 1977

Suplemento. Revista de la Semana Lima, 17 de julio de 1983 “Yonací en olor de décimas” por Peter Elmore y Federico Cárdenas.

Entrevista de Pablo Maríñez realizada en 1982 publicada en "El Gallo Ilustrado". Domingo 22 de Marzo de 1992. México, D.F

"Nicomedes Santa Cruz: Decimista, Poeta y Folklorista Afroperuano", edición peruana. Pablo Maríñez.

Preguntas y respuestas sobre su actividad en Radio Exterior: “París se llena de cisco... ¡y carbonería!”, por Julia Wun. Diario la República. 13 de Abril de 1987.

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