Susana Esther Baca de la Colina es una cantante, compositora y estudiosa de los ritmos de ascendencia "afro" en Perú. Nació el 24 de mayo de 1944, en Chorrillos, Lima. Desde muy niña estuvo rodeada de músicos; su padre era guitarrista, su madre bailarina, sus tías cantaban al estilo Aretha Franklin y un par de sus vecinos fueron los creadores del grupo Perú Negro. Ellos aportaron la fuerza necesaria que impulsó a Susana a dedicarse de lleno a la música.
Con el tiempo comenzó sus estudios de música y formó un grupo de música experimental, que combinaba música y poesía local. Ganó dos becas, una del Instituto de Arte Moderno de Perú y la otra del Instituto Nacional de Cultura Peruana para investigar las raíces de la tradición musical peruana, además de obtener el premio de interpretación y composición en el primer Festival Internacional de Agua Dulce. Es responsable, junto a su esposo y representante Ricardo Pereira, de la recuperación de armonías y ritmos casi olvidados de la música afro-peruana.
Susana Baca ha elaborado y presentado más de 30 programas distintos de música, con repertorios que van desde la canción negra tradicional de la costa peruana, la musicalización e interpretación de poesía de autores peruanos y latinoamericanos, así cómo la recreación en la música de raíz negra de Perú, Latinoamérica y del Caribe. Los aproximadamente 150 temas de este repertorio, han sido presentados en más de 500 conciertos públicos. Ha participado en veintidós festivales en Perú y más de sesenta festivales Internacionales.
El encanto de su voz aterciopelada conquistó al oído del roquero británico David Byrne, líder del extinto grupo Talking Heads. El a mediados de 1986 estaba experimentando con ritmos como la salsa, el merengue y el calypso. Un amigo argentino, el periodista Bernardo Palombo le mostró un video de un concierto cuya figura principal era Susana Baca. Una mujer con vestido blanco al viento, levitando con sus cantos ancestrales, cuyas melodías rememoraban épocas pasadas. Nueve años después, Susana Baca comenzó a grabar con el sello Lauka Bop, filial de la Warner Bros dedicada a la música del mundo.
Entre los premios más destacados está el Premio Grammy obtenido en el 2002 por su álbum de música afroperuana Lamento Negro en la categoría de Best Folk Album. Las letras de algunas canciones se basan en poemas de Pablo Neruda y César Vallejo.
A Susana Baca le tocó luchar contra las opiniones que se resistían a su afán de rescatar las raíces afro del Perú. Así comenta este episodio la artista peruana: “Yo tocaba las puertas y siempre me respondían que la poesía no vendía…y miren lo que pasó, que aquello que escuchó precisamente David Byrne fue María Landó, el poema de César Calvo y Chabuca Granda que yo cantaba en las universidades y sindicatos, que para el mercado no era un tema vendible. Resulta que esa canción fue, al final de cuentas, la que abrió las puertas de mi cielo”.
Pero en la carrera de Susana Baca no sólo el aporte de David Byrne ha sido fundamental. Chabuca Granda, la gran cantante peruana amada en muchos países del mundo, se convirtió en otra pieza clave de su carrera. La autora de “Fina estampa” y “La flor de la canela” encontró en Susana a su sucesora, a tal punto que la contrató como ayudante personal y la alojó en su propia casa.
Desgraciadamente, Chabuca falleció, pero en nombre de su amiga y en el de su pueblo, Susana continuó la tarea de su vida: estudiar y recuperar el sonido de su tierra. Ella y su esposo, el sociólogo Ricardo Pereira, recorrieron los 600 kilómetros de la costa peruana recopilando testimonios y documentos de aquellos pueblos descendientes del negro. El resultado de ese trabajo luego se transformó en el libro “Del fuego y del agua”, publicado en 1992 tras once años de labor. Tres años después, la pareja creó el Instituto Negro Continuo con un objetivo similar al del libro: mantener vigente la tradición afroperuana.
Wikipedia
Estación Tierra
Radio Universidad de Chile
Amauta Spanish

Links Externos:
Entrevista en Peru.com
Letras de Susana Baca
Entrevista de Irredento Urbanita (SOL DE GUERNICA)
Lyrics Negra Presuntuosa:
Algo de mí se ha perdido entre tu casa y mi casa,
será el calor que no abraza, no es de gozo, no es de ira,
como tampoco es mentira que algo de ti se ha escondido
entre tu calle y mi alma.
Será tal vez la esperanza de un cariño adormecido.
Yo sabré reír, yo sabré llorar, yo sabré entregarte mi cariño,
Negra, negra que te quiero,
Goza, negra presuntuosa,
Mira, que me estoy muriendo,
Dame, vida de tu boca,
Bota, que me está pisando los talones de la libertad.
Negra, negra que te quiero,
Goza, negra presuntuosa,
Mira, que me estoy muriendo,
Dame, vida de tu boca,
Bota, que me está pisando los talones de la libertad.
Será tal vez la esperanza de un cariño adormecido.
Yo sabré reír, yo sabré llorar, yo sabré entregarte mi cariño,
Negra, negra que te quiero,
Goza, negra presuntuosa,
Mira, que me estoy muriendo,
Dame, vida de tu boca,
Bota….
Vida de tu boca… (negra)
A ya ya yayyy…. (goza) (vida)
Dame dame dame vida de tu boca (dame negra negra)
Negra presuntuosa (mentirosa presuntuosa)
Negra mentirosa (de tu boca) (mentirosa)
Negra negra negra
Goza
Goza
Negra mentirosa
Negra presuntuosa
Entrevista de Raúl Cachay y Óscar Malca
¿Cómo empieza el romance entre Susana Baca y la música afroperuana?
Eso viene desde el inicio mismo de mi vida. Cuando mi madre asistía a una fiesta popular, a un cumpleaños, siempre tenía que llevarme junto a mis hermanos, porque éramos muy pequeños y no tenía con
quién dejarnos. Nos acomodaba en una cama y todos nos dormíamos con la música y los sonidos que provenían del callejón. Creo que ahí está la semilla. Y desde antes: la música es algo que llevas en la sangre, en los genes.
Claro. Es imposible encontrar rastros de una música africana pura en el Perú. Está la polirritmia y, sin embargo, también están las melodías andinas y el elemento español. Todo eso está entrelazado en mi música. Yo encuentro maravilloso ese mestizaje: me emociono al escuchar una zampoña casi tanto como me conmueve el sonido de un cajón o de una guitarra.
Más que “contenido ideológico” yo diría que se trataba de “contenido humano”. Hay algo que te hace vivir tu época y tu entorno. Era imposible, para una persona nacida en este país, recorrer el Perú y no sentirse afectada por la situación de la gente. La profesión que mi madre me hizo estudiar para salvarme de la ruina de ser artista fue la de educadora. Como maestra de niños yo viajé por el Perú y pude comprobar las condiciones de extrema pobreza y abandono en que aún hoy subsiste la gente. Todo eso me marcó. Las canciones de Silvio Rodríguez y de Pablo Milanés, los cantos de Mercedes Sosa, la influencia de esa canción nueva que hablaba del amor y la justicia, la poesía: en todo eso encontré algo que yo tenía que decir, algo que yo debía reclamar desde el fondo de mi alma. Pero nunca dejé la
música afroperuana. Al contrario: mezclé la poesía, la palabra, con la música popular del Perú.
Pero esa misma fuerza está en el rock subterráneo limeño. Ahí se sigue diciendo lo que se siente y se quiere crudamente, a veces antipoéticamente, pero se dice. El movimiento se ha trasladado ahí. Yo creo que los medios masivos de comunicación no tienen ni la menor idea de lo que está ocurriendo. Hay compositores que están diciendo cosas esenciales para seguir viviendo, de manera independiente y lejos de los medios, como Javier Laso y Rafo Ráez. Ellos no están tocando puertas de disqueras como yo hacía en mi época. Las disqueras no existen, tampoco los medios de comunicación; ellos cantan en corralones y playas de estacionamiento, sin deberle nada a nadie, y dicen cosas que la gente quiere oír
(Risas) Bueno, estamos con un pie ahí y otro en el año 2005. Espíritu vivo tiene eso: transformamos las canciones desde nuestro propio punto de vista. La canción Anchor Song no es un simple cover de Björk. Ha sufrido una profunda transformación.
Desde hace como ocho años estamos yendo muy seguido a cantar a Francia. Ese idioma, ese sonido, yo lo entiendo pese a no hablarlo. Hace muchos años, una amiga mía me intentó enseñar francés a través de canciones. Aprendí Yo no me arrepiento de nada, de Edith Piaf y, sobre todo, Las hojas muertas, de Prévert. Siempre quise grabar esa canción, que me parece bellísima. En un tren, recorriendo Francia, la convertimos en un landó. Acabo de cantarla en Marruecos, en un festival donde también estuvieron Cesaria Evora y Celia Cruz. Apenas el público escuchó la primera frase, se puso a aplaudir, y no dejó de hacerlo hasta el final.
Yo la había visto en la ceremonia de los Oscar y me pareció muy graciosa; cuando escuché uno de sus discos y me tradujeron la letra de sus canciones, encontré que teníamos mucho en común. Anchor song es una canción que te convoca, con la que me identifico: yo nací frente al mar, es parte de mi existencia.
Mi relación con él y con Luaka Bop sigue siendo muy importante. Es mi sello discográfico, mi casa en Nueva York. Cuando he tenido que viajar allá sola, David me ha hecho un espacio en su casa.
Hacemos cosas distintas dentro de un mismo género, y eso tiene que ver con la esencia misma de las personas. Yo soy así. En mi música, en mi expresión, en mi manera de cantar. Es mi temperamento. Las diferencias que existen entre ellas son buenísimas para el público: por un lado, pueden disfrutar de ese “volcán” que es Eva Ayllón y, por otro, pueden escuchar algo más suave y dulce que es lo que, por ejemplo, yo propongo en mis espectáculos. Nuestras virtudes no se oponen ni se anulan, se complementan.
Ella fue una mujer muy fuerte. Su música representó una vanguardia para su época. Ella ha dejado una obra tan importante que hoy sigue siendo el punto de partida para cualquier joven que desee hacer música peruana. Si quieres hacer música peruana, tienes que estudiar a Chabuca, de la misma forma en la que alguien que pretenda hacer rock debe estudiar a los Beatles o, en el jazz, a Miles Davis. Ella
me dio trabajo cuando era muy joven: me pedía que le arreglara sus papeles y, a cambio, me permitía asistir a sus sesiones de ensayos. Era maravilloso. Me enseñó mucho. La encuentro fundamental. Su obra, su presencia, su cultura. Fue una mujer de su tiempo. Con errores y todo, como aquella vez en la que halagó a Pinochet.
Este continente cambió para siempre con la influencia y el ingrediente cultural aportado por los esclavos. Los africanos trajeron su música, su polirritmia, su expresión, que se juntó y mezcló con las de los aborígenes y los españoles. En Cuba se siente que esa mezcla no se pudo dar, porque los aborígenes fueron prácticamente exterminados durante la conquista. En la zona del Caribe se produjo más bien una relación entre españoles y esclavos. En Estados Unidos ocurrió algo similar: los indios fueron desterrados y encerrados en pequeñas reservas, impidiendo que se produjera ese contacto. Los africanos deben apelar a la música para preservar la memoria y su identidad. Y también se crean cosas nuevas, por supuesto. Ése es el origen del blues, del jazz; todo nace de los cantos de trabajo, de los coros en las iglesias, de los músicos contratados para funerales. El jazz, luego, invadió todo el mundo: yo siento que hemos devuelto al mundo, ante la ignominia de la esclavitud, un arte nuevo a través de la música.
Nosotros hicimos un trabajo muy interesante de recopilación y revaloración de los negros en la música peruana, que se tradujo en un disco y un libro llamados Fuego y agua, en 1992. Siempre se habla de una presencia cultural andina, indígena, pero nunca del ingrediente fundamental aportado por los negros y los demás grupos étnicos. En Negro Continuo nos dedicamos a compilar e investigar ese legado africano, preguntándonos siempre por qué fuimos negados en los libros de historia y dentro de lo se conoce como la “cultura oficial”. Es como si los negros hubiéramos llegado acá en un platillo volador. La historia nos debe un espacio. Eso no sólo lo pienso yo, sino todos los afroperuanos que son conscientes de esta ausencia. Muchos nos antecedieron en esto, como Nicomedes Santa Cruz y José Luciano, quien lamentablemente acaba de fallecer. Hemos participado en las guerras de independencia, hemos regado nuestra sangre en esos campos, no es posible que no tengamos un espacio en la historia. Parece un olvido consciente. Recorrimos la costa peruana con la ayuda de una etnomusicóloga, Chalena Vásquez, y recabamos muchísimo material; conversamos con músicos y con poetas. Negro Continuo era un espacio donde los músicos nuevos podían compartir con los viejos y los estudiosos podían indagar los orígenes de la música popular. Es lo que ocurre con mi grupo: toco con Juan Medrano Cotito, que es
autodidacto y toca desde su herencia, sin saber cómo leer una partitura musical pero conociendo muchísimo de música; y también con David Pinto y José Luis Madueño, que han estudiado en un conservatorio. Así se produce una síntesis: eso es lo que buscaba Negro Continuo. Para mí fue una misión, de la que me siento sumamente orgullosa.
El cajón es un ingenio del africano para seguir tocando su música en América. Está presente, con variantes, en Santo Domingo, en Cuba, en el Perú, en Nueva Orleans. Donde hay una fuerte presencia africana, allí está el cajón. Lo importante no es el objeto, sin embargo sino la forma como se toca. Ése es el secreto. Es pura intuición. El cajonero hábil convierte con sus dedos un pedazo de madera en un instrumento musical. Eso me emociona mucho. Yo no diría que deberíamos “nacionalizar” el cajón. Yo estuve en la fiesta en la que le regalaron un cajón a Paco de Lucía. Lo que hace el cajón en el flamenco no es igual que en la música peruana: cumple otra función. Ellos están reemplazando las palmas. Es absurdo pelearse por un instrumento. Mejor vamos a tocarlo. Los percusionistas de Caetano Veloso, que estuvo por Lima hace poco, se quedaron obsesionados con el cajón y con Chocolate Algendones. Tendrías que haber visto cómo lo contemplaban, fascinados.
Claro. Estoy segura de que ahora van a decir que Espíritu vivo no es música peruana. Yo no tengo ningún problema con que digan que yo no capturo la esencia de la tradición afroperuana, porque yo bebí de la misma fuente de esa tradición al crecer en un hogar donde no existía un tocadiscos y se tenía que hacer música en el mismo momento.
Felizmente, el disco ha gustado mucho. Tiene una carga emotiva muy fuerte. Seleccionar las canciones involucró un proceso muy largo, y todos los músicos hicieron sus aportes personales. Algunas canciones fueron muy difíciles de elaborar, otras salieron naturalmente. Al final, tuvimos tantas canciones que nos dio mucha pena dejar algunas fuera del programa. Luego de grabar un demo acá en Lima y mandarlo a Marc Ribot y John Medeski, decidimos que en Nueva York intentaríamos recrear la atmósfera de un concierto. El 10 de septiembre abordamos los últimos detalles para empezar a grabar un día después. Entonces ocurrió lo que todos sabemos. El mismo día 11 empezamos a grabar: la gente que llegó al estudio, todos norteamericanos, parecían fantasmas. He visto cómo, un día después, Marc (Ribot) derramaba lágrimas leyendo el periódico. Pensamos suspender, pero felizmente decidimos seguir. Nos pusimos a tocar y fue como un exorcismo. El estudio se convirtió en una isla. La gente, cuando salía de las sesiones, nos daba las gracias. Fue inolvidable.
Ya no sé qué viene después. Este disco nos dejó agotados a todos. Solo quiero seguir viviendo este momento intensamente

1 comentarios:
Interesante entrevista a una de las 6 divas del world music, gracias por incluir mi entrevista como link.
Saludos desde Barcelona
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